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España en Eurovisión 2005-2015, una década de desaciertos

 Parece que fue ayer pero han pasado más de diez años desde que el 5 de marzo de 2005 cuando era escogida la canción “Brujería” de Alfredo Panebianco para representarnos en Kiev en el 50 Festival de Eurovisión. La interpretaron el trío de hermanas ecijanas Son de Sol. Del sabor del sur más español a las frías tierras ucranianas nos perdíamos entre los volantes de colores de unas salerosas muchachas. Ahí empezaba nuestra variada, desacertada, controvertida y hasta desconcertante historia eurovisiva en la última década. No cabe duda que los resultados han sido desastrosos en el ochenta por ciento de las ocasiones. El mejor puesto conseguido han sido los dos décimos puestos de Pastora Soler en 2012 y Ruth Lorenzo en 2014, con 97 y 74 puntos respectivamente. Un cuadro de comedor todo lo demás.

Es tremendo pero cierto, nuestro país no levanta cabeza en Eurovisión. Los momentos en los que se pierde el oremus son los años en que el nefasto y “democrático” Myspace que hizo de las suyas con candidaturas apartadas de la música. Se pierde entonces la poca credibilidad que le quedaba al Concurso, si es que le quedaba alguna tras unos sombríos noventa y la etapa triunfita posterior. Los chicos de OT por lo menos fueron los más populares, más por los protagonistas de talent que por los temas que les hacían cantar como posibles candidaturas. Y atrás quedaron unos desaprovechados años ochenta donde ir al Festival era para la crítica musical de nuestro país una especie de lacra, de vergüenza absurda que dejaba en épico y prehistórico el mero recuerdo de que cualquier tiempo pasado fue mejor. De ese prurito aun no nos hemos curado. ¿Dónde había quedado la etapa dorada entre 1966 y 1973? Espejismos como la terna 1989-1991, y un sueño que no llegó a cuajar en 1995. Hemos probado de todo y de todas las maneras al tuntún y cuando algo nos ha funcionado más o menos bien hemos cambiado de tercio absurdamente para hundirnos de nuevo en la cola de la tabla.

Nuestras participaciones eran uno de los momentos más criticados de la historia televisiva anual. La coletilla de, “a ver qué llevamos este año, pues como siempre chico, una chorrada…” era como el turrón en Navidad, previsible. Yendo de perdedores y tímidos participantes, cual entregados gladiadores al foso de los leones, no nos hemos comido un colín. Es como si en España estuviésemos carentes de talento o nos empeñábamos en ir a destiempo con temas a destiempo y seguíamos diciendo, “es que no nos quieren, nos tienen envidia y por eso no nos votan”. No señor, no nos votan porque llevamos canciones muy malas con artistas muy buenos que se quedan a medio gas. Se han desperdiciado tantos años con canciones malas cuando pudimos llevar grandes temas porque madera de artistas había. Los que fueron como los que estuvieron a punto, en el noventa por ciento, eran grandes artistas, muy profesionales, pero las canciones no iban acorde y eran de mediocre a malas en otro setenta por ciento.

Ir canción a canción sería un serial de aquellos históricos que ya conocemos por la cercanía. Iré a la crítica pura y dura. Entre 2005 y 2015 sólo salvo dos temas, en primer lugar la mejor, “Quédate conmigo” que defendió magistralmente la coriana Pastora Soler y en segundo lugar el “Dancing in the rain” que cantó la murciana Ruth Lorenzo. Ambas mujeres tienen una voz prodigiosa y aunque el tema de la Lorenzo no era lo mejor que pudo sacar salvó los muebles de sobra. Creo que con otra canción, la misma que defendió una asustada Brequette en directo en la preselección española de ese año, “Más”, hubiese quedado mejor clasificada, acercándose al quinto puesto  más que no el décimo en el que quedó en Copenhague. Salvo estas dos canciones las demás eran muy mediocres si las comparamos con la valía de los artistas que las defendieron.

Y sobre los artistas, nunca nos hemos podido quejar porque en su mayoría eran y son grandes profesionales de la música, puedan gustar más o menos, para gustos los colores, pero todos son no sólo buenas voces sino muy buenos artistas. Daniel Diges, Lucía Pérez, Soraya, Ruth Lorenzo y Edurne han demostrado su versatilidad tanto en la televisión, como en el teatro, en conciertos, etc. Todos tienen un magnífico currículo de trabajo desde que se dedican a su profesión. Lo mismo están para un roto que para un descosío. Pastora Soler estaba en la línea, pero su repentina retirada, aunque momentánea, rompió el clímax tan brillante que llevaba justo después del Festival tras cambiar de estilo.

Respecto a Son de Sol, Las Ketchup, D’Nash o El Sueño de Morfeo tal día hizo un año porque han hecho mutis por el foro, y aunque Son de Sol no se haya separado como conjunto no son recordadas a nivel nacional en absoluto. Son las más desconocidas de la última década. Dejo fuera del listado el caso Rodolfo Chikilicuatre porque no es ni era cantante, fue la broma televisiva que todos conocemos. La hemos tratado mil veces y no vale la pena ahondar más. David Fernández es actor y está fuera de esta onda, mejor para él porque este contubernio creo que le es incómodo. Es evidente que no le beneficia porque sabe perfectamente que su papel de “intromisión profesional” no le llevaría muy lejos. Lo paradójico de todo esto es que a pesar de la anécdota sigue siendo el más recordado. Su edición, la de 2008, fue la que más audiencia tuvo en los últimos diez años, un 59,3% de share, detrás del brutal año de Rosa López que en 2002 con un 80,4%. Unido a esto y para más inri, quedó en el puesto decimosexto sólo superado por Daniel Diges, decimoquinto y Pastora Soler y Ruth Lorenzo, décimas como digo más arriba. Todos los demás participantes desde 2005 a 2015 han quedado peor.

El diagnóstico es que Eurovisión es una caja de sorpresas y eso es lo que nos pierde. Nuestra delegación está perdida, es una asignatura pendiente. De esta forma nunca sabremos cómo ganar porque erramos siempre en la elección y lo que aquí creemos que es “lo mejor” en Europa no lo es tanto, y lo que aquí nos parece una “bazofia”, a los europeos les encanta más o menos. A rasgos generales en ambos casos no estamos como para tirar cohetes. Pero eso se debe sólo a una cosa, al televoto. Los resultados han sido síntoma de eso. Pongo ejemplos claros, la canción que llevó Lucía Pérez gustó más al público desde casa según los votos emitidos que la canción de Pastora Soler. La sevillana con “Quédate conmigo” quedó quinta para el jurado profesional y decimoctava para el gran público con el televoto mientras la controvertida canción de Lucía Pérez, “Que me quiten lo bailao”, fue vigesimocuarta para el jurado profesional y decimosexta para el público. Aunque se iguala algo más, la diferencia para “Dancing in the rain” de Ruth Lorenzo fue undécima para el jurado y decimoquinta para el televoto.  Generalmente en Europa no gustan nuestras canciones, puede que nuestras voces sí, pero no nuestras canciones.

Otra cosa son ya las ejecuciones en directo, salvando Pastora Soler, Ruth Lorenzo, Lucía Pérez o Daniel Diges, las otras han sido bastante mediocres para lo que se esperaba de ellas. Soraya en 2009 y Edurne en 2015 se dieron el batacazo con lo abigarrado del número y canciones que no impactaron, una por estar fuera de tiempo y querer ir de suecada al uso sin serlo, Soraya con “La noche es para mí” y por otro lado Edurne con un tema que no lo entendía nadie porque la letra es un jeroglífico difícil de descifrar. Creo que Edurne no se podía meter en el papel porque no podía transmitir una letra que ni ella misma sabía que nos quería explicar con esa perorata sacada de un mal traductor. Como también se la dieron los boy band D’Nash con el descontrolado “I love you mi vida” en 2007 que quedó en una especie de los One de segunda fila con cinco años de retraso. Los conjuntos de chicos en el Festival no se nos dan bien, para eso ya hay otras potencias más desarrolladas en la temática del tipo nórdico o los de Europa del Este, incluso griegos o chipriotas. En fin, han sido temas a destiempo y un quiero mucho pero hago poco y es que de donde no hay no se puede sacar. Las malas imitaciones siempre son prescindibles.

Y lo de juzgado de guardia fueron los números en directo de Son de Sol, Las Ketchup y El Sueño de Morfeo, en 2005, 2006 y 2013 respectivamente. Tres años perdidos por no saber tampoco que nos querían contar con aquellas absurdas puestas en escena, unas vestidas de odaliscas con un flipao por en medio dando la nota y las otras con la sillas de peluquera y aquellos dos bailarines haciendo expresión corporal recargolante entre el desaguisado, perdón por el palabro. Respecto al Sueño de Morfeo ¿es que nadie se dio cuenta antes que la solista no sabía cantar en directo? Nunca antes, ni después un artista había desafinado de esa forma, porque Raquel del Rosario desafinó y mucho, se le fue de madre la nota nada más pisar el escenario. Los resultados se pueden consultar, 21 de 24 en 2005 y 2006 y 25 de 26 en 2013, una vergüenza. Sobre la bobada de Rodolfo pues ya lo vimos, un número de circo que hubiese valido para el interval act pero no para exponerlo como representación de un país. Me viene a la mente Charlie Rivel en 1973, y para payaso, el mejor de la historia ya pasó por el Festival hace mucho, Chikilicuatre no era el caso y que me perdonen los seguidores del gran Rivel la comparativa. Ese año se vendieron muchas guitarritas de plástico en los chinos.

Pero no todo es negro porque los seguidores somos muy devotos de esto y vemos el horizonte rosa. Mi percepción para el año que viene es que se debe llevar una buena canción de entre varias propuestas. Hacer un buen show de canciones con cantantes, sean más o menos conocidos, pero cantantes de carrera profesional contrastada. Los talent no nos sirven, se ha probado, separar canción de cantante tampoco, nos ha ido mal, elegir internamente para luego ponerles a cantar un tema malo, malo, malo, tampoco. No pido más, pido una gala simpática, no cargante, o incluso dos, con canciones y artistas. Los autores deben poder escoger el artista que quiera que defienda la canción. Estamos en época donde los shows televisivos de música están teniendo acogida entre el gran público. Televisión Española lo puede hacer si piensa en una buena producción que tampoco quiera imitar lo que hacen otras televisiones. Jolines, tenemos grandes profesionales que pueden crear una buena producción televisiva ideada expresamente para Eurovisión y que tenga visión de continuidad. No me vale un año hago una cosa y al otro la inversa porque no sólo despista sino da la sensación que estamos de pastel y vamos a participar por inercia pensando que esto no interesa a nadie. Me duele la boca de decirlo, a la gente un sábado por la noche de primavera ahora, como desde 1956 le gusta ver Eurovisión. Vamos a quitarnos la caspa y vamos a hacer las cosas sin complejos porque si vamos con complejos pues mejor no ir. Que España se retire si no quiere ir, si es un show absurdo y que no lleva a nada, del que huyen nuestros artistas “divos”, en cambio otros darían lo que fuese por figurar entre los competidores.  O vamos a por todas o mire usted, tal día hizo un año. Es que al final nuestra cadena pública sabe que el formato gusta y gusta mucho. 2016 debe ser el punto de inflexión de nuevo, aquel que nos de la pista de una segunda etapa dorada como aquella de 1966-1973, así sea.

Reyes del Amor

Reyes del Amor
Reyes del Amor
Licenciada en Historia, apasionada del Arte, la Música, el Cine, el Teatro y la Televisión.

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